Decidí hacer este artículo ante los eventos que motivan el suicidio sobre todo en jóvenes, impulsados por amor. Y quiero exponer algunas ideas que sirvan como apoyo, den luces, guía de cómo obrar cuando enamorados comenzamos a pasar por malos momentos.
El amor es sufrimiento.
Creo que una de las razones por las cuales se sufre por amor obedece básicamente a las expectativas erróneas que sobre el tema tenemos. Idealizamos tanto el amor que si miráramos en perspectiva nuestra manera de verlo nos reiríamos de lo fantasiosos que podemos llegar a ser. En otras palabras No Sabemos Amar y por esta razón terminamos obrando de maneras que lo único que hacen es condenarnos.
Dostoievski decía que “La dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor por las cadenas. Amamos las cadenas, amamos los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón”, de pensar por nuestra propia cuenta, de hacernos responsables de nosotros mismos. Cuando Se llega a una relación pareciera que muchos llegaran con el plan de encontrar quien los salve, les quite la angustia de la soledad, de la inseguridad, llegan con la intención de encontrar ese que les de la felicidad. Esas ideas falsas serán puestas en evidencia ante una realidad que desmitifica la falsedad sin temor.
Amamos las cadenas decía Dostoievski por eso no somos libres, pues incluso llegamos a una relación y nos inventamos las cadenas que nos atan, “no puedo vivir sin ti”, “sin ti la vida no tiene sentido”, “No sé qué haría sin ti”, “si tú no estás mi vida no tiene sentido”, “contigo soy feliz, si te vas me muero”, “mi vida eres tú” y al pensar así trasladamos nuestra libertad precioso y maravilloso don a la persona que decimos amar y ahora nuestra felicidad queda condicionada a la presencia o ausencia de la pareja, condicionada a lo que diga o haga y ya fácilmente podemos justificar nuestros estados de ánimo cuando estos varíen pues tenemos a quien señalar.
“Estoy triste por tu culpa”, “tú me dañaste”, “destruiste mi corazón”, “estoy alicorado, borracho, drogado por ti, por lo que hiciste (dejaste de hacer/dijiste)” así libres de lo que implica hacernos responsables de nosotros mismos podemos fácilmente justificar nuestra pereza e incapacidad responsabilizando a otro en este caso a la pareja de nuestras desdichas emocionales. Para colmo la música comercial pareciera hacerle apología, eco a todo este discurso destructivo, así encontramos todo tipo de géneros musicales cantándole supuestamente al amor pero una gran cantidad de esas canciones, le cantan más que al amor a las cadenas, y lo peor es que gustan mucho. Igual sucede con las novelas, películas en fin.
No digo que no se pueda escuchar ese tipo de música, lo que quiero decir es que es sólo música que muchos toman al pie de la letra.
Aparte que fascinados por las cadenas las inventamos para amarrarnos también las imponemos obligando a la pareja a asumir cierto tipo de conductas que increíblemente aceptan con gusto. Así se van filtrando cierto tipo de comportamientos de a poco pues si se expresaran como tales desde el inicio seguramente podrían ser rechazados pero a cierta altura en muchas relaciones la pareja ya no tiene amigos, no puede mirar a los lados, no puede saludar a alguien del sexo opuesto, no pueden trabajar, e incluso hay mandatos explícitos: “Tienes que serme fiel”, “Debes hacer esto o lo otro” llegando incluso a condicionar todo tipo de aspectos que incluyen la realización laboral, emocional, sexual de la pareja. Lamentablemente todo esto se da con el beneplácito de la pareja que confundida cree que todo esto es amor, o peor ambos creen que esa manera de inventarse cadenas e imponérselas mutuamente es amar.
Así fácilmente realizamos un doble secuestro, secuestramos emocionalmente a la pareja y de paso nos auto secuestramos impidiendo el paso del amor maduro y en consecuencia libre.
En estas condiciones muchas parejas arman su castillo (de naipes) tan frágil asumiendo que ya está bien el amor. Las cadenas tienen sus ventajas nos liberan de asumir la responsabilidad de nuestras vidas.
¿Qué pasa cuando ese castillo de naipes, de arena comienza a desmoronarse? Aparece la frustración, el dolor y con esto las reacciones. Comienzan la manipulación, “¿Cómo pudiste hacerme esto, después de todo lo que yo he hecho por ti?”, lo que antes se había hecho supuestamente por amor, ahora lo hacemos evidente: “¿Quién estuvo contigo cuando te pasó esto o lo otro?”, “Te complací en todo y ¿así me pagas?” Cuando esto no funciona, cuando esto no logra que la pareja o ex pareja haga lo que quien manipula pretende, aparecen entonces las amenazas: “Si no vuelves conmigo, si no mejoras, si no me llegas a amar me consigo otra para que sepas lo que siente”, “o arreglamos las cosas o me corto las venas, me mato”
Y con esto se completa el ciclo.
Cuando la realidad no coincide de acuerdo a cómo funcionan las cosas en nuestra mente sobre todo en el mundo afectivo muchas personas se dan el permiso de maltratarse, más aun cuando un pobre nivel de autoestima, un débil carácter se mezclan tienden a hacer realidad lo que antes habían dicho. “Si tú no estás me muero”, “Tu ausencia es mi agonía” y así comienzan a vivir.
La vida pierde sentido, así resulta que el antes feliz por estar enamorado es infeliz por el mismo amor. ¿Es eso posible que lo que traiga tanta felicidad traiga en sí mismo la infelicidad y la desdicha? Es por esta razón que vemos individuos que bajan su nivel productivo, no rinden, pierden el apetito, el sueño o peor no quieren dormir, comer, dar buenos resultados.
Como decía Estanislao Zuleta las “ideas se vuelven refractarias” en otras palabras la persona defiende su punto de vista así no tenga fundamento ni para él mismo. A pesar de la imposibilidad de recuperar la relación perdida, a pesar de haber constatado que su amor está definitivamente con otra persona y que no va a volver, el supuesto afectado insiste en que si no es con esa persona entonces no. Dicen que aunque besara a otra persona su mente y su corazón estaría acá con esta otra. Reconocen que esa no es la mejor manera de obrar pero aun así mantienen la conducta.
Y si en el corazón de alguien, en su creencia está de verdad que su ex amor era su vida entonces sino está ¿qué razón hay para vivir? A lo largo de la relación se dedicaron a construir creencias falsas, inmaduras que respaldaron no sólo con su manera de actuar sino que también reforzaron esas ideas con otras personas que son muchas y que piensan lo mismo.
“Ya el sol no brilla igual”, “así no vale la pena vivir”, “si ella (él) no está qué sentido tiene vivir”, “se me acabó la vida. Mi proyecto de vida lo había figurado al lado de ella (él)”, “la vida es un asco”, “no me imagino la vida sin ella (él)” súmele a esto tendencias depresivas, falta de carácter y de una personalidad inteligentemente estructurada, baja autoestima, se da la combinación perfecta para tomar decisiones ultra radicales y funestas.
Con un sabor amargo en la boca, un nudo en la garganta que no se quita, un hueco en la boca del estómago, una sensación de vacío que no se llena con nada, un dolor profundo que se siente en el alma, con emociones así dejar la vida es una buena manera de callar el dolor, pero más allá es como me decía un amigo darle ese último mensaje a la ex pareja, un mensaje fuerte, doloroso que le cause sufrimiento.
Con el sacrificio de la propia vida esperan hacer sufrir al otro. Dejan una carta de despedida, un video, un mensaje de texto, un mail con tal de agravar el malestar ocasionado supuestamente en la persona que ya no es su pareja pero que ha de sentir por haberle dejado por las razones que hayan sido.
En un último acto previo a la inmolación el suicida visualiza en su mente la hora en que la ex pareja reciba la noticia, visualiza cuando se retuerce del dolor, el acompañamiento al sepelio, las lágrimas que eternas nunca paren. Ve en su mente a esta persona pidiéndole perdón, suplicando calme supuestamente la culpa que irá a sentir y cree que jamás nunca estará con nadie más. Es quizás como una venganza para que page por el mal que sufrió este y lo llevó a tan fatídica decisión. “Me quité la vida por tu culpa”
Vale mencionar que la persona a quien se pretende hacer sufrir normalmente tarde o temprano y la mayoría de las veces más temprano que tarde el suicida termina siendo el recuerdo de un mal rato.
Es posible que hasta exista algo de satisfacción momentos previos al acto que finalizará su vida y un tanto romántico, poético e infantil dirán “lo hice por ti” y apretarán el gatillo, lacerarán sus venas, ingerirán la sustancia venenosa, se aventarán de gran altura, dejarán colgar su cuerpo de un lazo que amarra su cuello…en fin. Se acabó una vida ¿por amor? NO, NO, NO y NO
Se interrumpió una vida no por amor sino por la falta de argumentos para enfrentar la existencia cuando una situación lamentable de ruptura emocional se presentó. Se perdió una vida por fabular cosas con el amor que a la larga son eso fábulas y cuentos, se perdió una vida que encontró en el romanticismos barato, en la música, las novelas y las películas con finales felices los argumentos vacíos para destruir la existencia.
El cliché de que “de Amor Nadie se Muere” se fundamente en mi parecer en que el amor no mata a nadie, se mata y mata la persona que no sabía o no quiso aceptar que el verdadero sentido del amor es la libertad, no el libertinaje. El amor está adornado de libertad y contribuye en la libertad misma. No coarta, no ahoga, no asfixia, no maltrata, no encadena.
NO es cuestión de caer en la insensibilidad como algunos hacen. “Me es indiferente lo que hizo”, “No me importa” en fin pues a veces esa es una excelente forma de autoengaño que no se puede esconder cuando la noche es fría y estamos solos. Es manejar las cosas con altura y recursividad lo que sugiero.
Vivimos en una cultura que favorece la búsqueda de aspectos tan cruciales como la paz personal, la tranquilidad, la felicidad fuera de nosotros mismos. De allí que una buena cantidad crea que en el caso afectivo esa felicidad se encuentra en otra persona. Debemos partir del hecho que la tranquilidad, la felicidad, la paz, la alegría es una consecuencia de nuestro estado interior, así y comprender que nuestra realización afectiva comienza desde cada quien y no con la compañía de alguien.
Cuando hemos comprendido que aunque la compañía de alguien puede contribuir mucho en esos estados de felicidad si no somos felices previamente ni la encarnación de la felicidad misma podría darnos algo de lo que ella es.
Una amiga una vez me regaló esta reflexión: “La libertad tiene formas extrañas de expresarse. Queremos ser libres pero nos hacemos cautivos y hacemos cautivos a otros, queremos amar pero ni amamos y no dejamos que otros amen, no damos y no dejamos dar a otros. La libertad es completa cuando no sólo dejamos sino que estimulamos la libertad de los otros. En cierta forma el que corta las alas de otro, que cohíbe su libertad es esclavo de su ignorancia y de sus temores, no es libre”
HÉCTOR LEONARDO MORA SANTIAGO
Desarrollo Empresarial y Humano
Consultor - Conferencista
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