El determinismo es una doctrina del pensamiento filosófico que básicamente dice que las personas no tenemos la opción de escoger, y al no existir alternativas el azar, el destino tomaron las decisiones por cada uno de nosotros y en consecuencia estamos a merced del capricho de estos.
Al aceptar esta idea como cierta la persona se libera de asumir cierto tipo de responsabilidades pues la antítesis del Determinismo es el Libre Albedrío. ¿Cómo puede ser una persona libre si ya todo está dicho, si todo está escrito? En consecuencia algunas personas nacieron para ser pobres, enfermas, condenarse e ir al “infierno”, nacieron para sufrir, para vivir una vida sombría donde la mala fortuna es la característica distintiva de estas personas. Por otro lado, hay personas que nacieron para ser ricas, sanas, se salvarán e irán al cielo, serán afortunadas en el amor, nacieron para ser prósperas y su distintivo será la prosperidad siempre. Esta es una idea bastante Calvinista, que condenó a una parte de la población y salvó a otras porque guste o no según Calvino (1509 – 1564), cada quien nació para ser lo que son y nada podrá cambiar eso.
Hay partes del ser humano donde bien existe la determinación, en consecuencia esas circunstancias ya están definidas y así será siempre. Somos determinados en nuestras realidades biológicas, cosas que ya están programadas y nos liberamos del peso de pensar en ellas.
Afortunadamente no pensamos en la velocidad de irrigación de la sangre, ni a donde debe ir ni en qué cantidades, no pensamos en las palpitaciones del corazón ni cuando abrir y cerrar ventrículos, no ejercemos dirección sobre las reacciones típicas corporales frente a los cambios de temperatura ni decidimos que debe hacer el cuerpo cuando hace frío o calor, entre tantas, tantas, millones de situaciones que donde el ser humano fuese consciente de ellas y las manejara a voluntad seguramente viviríamos en una locura colectiva…si es que se puede sobrevivir a una situación hipotética así.
Igual pasa con el resto de la naturaleza. Millones de situaciones están allí y suceden día con día en un determinismo definido, para el cual fueron programados todos estos eventos y el ser humano se ve libre de manejar tantos acontecimientos que están fuera de nuestro control.
Pareciera que se nos fue dado tanto que prácticamente podríamos decir que en comparación, debemos hacer muy poco, se nos dejó en una condición donde casi todo funciona por sus propios medios de tal manera que nuestra función sería maximizar nuestra responsabilidad de ser libres, de actuar, de pensar.
De todas maneras el Determinismo tiene tanta fuerza que ha influenciado pueblos, culturas enteras que han sucumbido ante la idea de que opciones no existen, que no hay nada que hacer y que la fuerza del destino, o la divinidad o alguna otra situación nos dejó merced de guiones escritos con mejores fortunas para unos y malas, muy malas situaciones para otros.
Individuos que aceptan estas idea como realidades y al ser así, muchos viven en una cruel resignación pues no hay nada que hacer frente a una vida que el destino ya decidió previamente.
Hay acontecimientos que están fuera de nuestro alcance, algunos que acabo de mencionar y otros tantos más, frente a los cuales no tenemos otra opción que aceptar, aceptar que se darán independientemente de nuestra opinión. Son circunstancias de la existencia, de la naturaleza misma que están allí para hacernos la vida más fácil y nuestra opinión al respecto en nada cambiará que ciertas cosas sigan siendo como son. El sol no va a dejar de brillar porque a alguien no le guste su temperatura en un momento determinado.
Sin embargo el determinismo tiene sus ventajas para quienes así lo han permitido en sus vidas sean conscientes de esto o no y básicamente es la posibilidad de liberarse de la enorme responsabilidad de pensar y actuar sobre sus vidas. En estas circunstancias será muy fácil culpar o descargar la responsabilidad sobre eventos o situaciones que ya dictó el “destino”, una realidad ambigua que para muchos ya prescribió el porvenir de estos. “Nada qué hacer, Es el destino”, dicen.
Todos nosotros podemos decidir conscientemente dejar atrás una vida de mediocridad y llevar una vida de grandeza en esas grandes áreas de nuestra existencia que son enormemente influyentes en nuestra vida es decir La familia, el trabajo, la vida trascendente, la parte social. Cuales fueren las circunstancias, cada uno de nosotros puede “si quiere” tomar esta decisión: Optar por vivir una vida excepcional o si se quiere vivir incluso cada día de manera muy especial. Sea como sea, siempre e insisto siempre podemos elegir, optar por cambiar, por mejorar, por crecer. Esto sí que cambiaría nuestro destino, pues básicamente la premisa reside en que el destino está en manos de cada quien y no de factores deterministas, es decir, en factores que ya dictaron nuestro futuro independientemente de nuestros anhelos.
La libertad vista desde la responsabilidad, de asumir con altura y madurez nuestras elecciones asusta a quienes escondidos bajo la cultura del determinismo se evaden de este maravilloso don que pone en evidencia la mentalidad del victimismo y una cultura flotante de la culpa que hoy día es tan evidente.
Mientras el determinismo dice que somos naturaleza de la genética, de la cultura, la familia, la sociedad entre otras, la libertad nos plantea que somos producto del ejercicio con lo que hacemos de ese libre albedrío a través de nuestras elecciones.
William Bulger dijo en alguna oportunidad que “no hay mejor medida de lo que una persona es, que lo que hace con su capacidad de elegir” y allí está la esencia del ser humano, está en su capacidad de elegir, de optar por todo aquello que lo haga mejor y en consecuencia definir su propia vida.
Toda vez que encontremos a alguien lamentándose por el destino que le correspondió, veremos a una persona que renunció a la capacidad de elegir la mejor opción para su vida, veremos a un individuo que se entregó, que sucumbió ante el facilismo y la pereza mental que le niega la enorme y bendita posibilidad de moverse por el camino que desee y además si no existen crear sus propios caminos que le permitan llegar a “sus” propias cumbres.
Me gusta mucho esa reflexión de Stephen Covey “Nuestra Naturaleza Consiste en Actuar, NO en que se Actúe Sobre Nosotros”, sin embargo son enormes las cantidades de personas que aunque dicen querer responder por sí mismas o que afirman ser dueñas de sí mismas se contradicen pues lo que expresan resulta ser superficial dado que sus actos refrendan conductas contrarias, en otras palabras, han preferido que “actúen por ellos, que piensen por ellos”.
Tu trabajo es tuyo, tu empresa si la tienes es tuya, si eres independiente, freelance ese trabajo también es tuyo, la calidad de relación que tienes contigo mismo es tuyo, el nivel de relación que tienes con tu pareja es tuya, la relación con tus hijos es tuya y el calibre de esas relaciones, la calidad de tus trabajos, el nivel de tus desempeños los determinas tú, sólo tú, nadie más que tú porque la calidad de tu vida es tuya e insisto eso lo determinas tú.
Podrás decir que tus circunstancias son particulares y la complejidad de las mismas no te permite darte el gusto de maniobrar como quisieras. Y es cierto, sin embargo esa postura favorece el determinismo (no cuento con suerte, soy de malas) y es una evidente negación al libre albedrío que podría responder al cuestionamiento: ¿Qué puedo hacer para solucionar esta situación?, ¿Cómo puedo lograr mejorar mi circunstancia actual?
Hay realidades que NO podemos cambiar, pero sí es claro que podemos decidir qué hacer al respecto. Cada uno de nosotros es actor de su propia vida pero también es el director de esa obra y como director cada quien define cómo vivir su existencia y también cada quien es su propio guionista, en consecuencia decidimos incluso de antemano sobre la base de esos guiones cómo queremos que sea nuestro propio existir.
Vidas que sufren por causa del destino, la mala fortuna o un azar que se ha ensañado con ellos son la evidencia que como actores de su existencia lo hacen muy regular, vidas muy mal dirigidas y guiones pésimamente escritos pues como no se asume la responsabilidad a consecuencia del descuido las personas terminan viviendo su vida por reacción, se despiertan en las mañanas porque aun están vivos, se alimentan por sienten hambre, hablan porque la situación así lo amerita.
¡Vidas en permanente agonía!
La postura conductual que nos permite comprender que en la vida cada quien tiene facultades creadores excepcionales es un remanso, un descanso sobre la cual puede reposar la paz mental y despertar las capacidades creativas que liberen el increíble potencial que guarda cada quien. Como dice Karl Albrecht toda persona puede optar por “un patrón de atención e ideación selectivas que fomenten un elevado nivel de salud mental” y jugar a favor de sí mismo, no en contra.
Creer que ya estamos condicionados por eventos del azar, el destino o maldiciones celestiales que nos condenan a una vida en permanente sufrimiento es la negación de una condición propia del ser humano: Su capacidad de elegir, de optar por crear su propio destino y no que la reacción frente a la vida condicione una vida lánguida, fría, pobre y culpar a un destino que no existe, conducta evidente para evadir la responsabilidad de asumir el señorío sobre la propia vida.
Cada quien es el determinante de su propia existencia, cada quien vive la vida que quiere vivir.
HÉCTOR LEONARDO MORA SANTIAGO
Desarrollo Empresarial y Humano
Consultor - Conferencista
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