Esta es una afirmación desafiante, que cuestiona y que nos abre las puertas a la reflexión: Lo Bueno es Enemigo de lo Mejor.
No se alcanza un mejor nivel de relación con la pareja porque actualmente se está bien como se está. No se tiene un mejor líder político, espiritual, empresarial porque con el actual se está bien. No se goza de una mejor salud porque actualmente no hay de qué preocuparse y se sobrevive sin mayor premura. No se tiene una mejor calidad de vida, un mejor ingreso, mayor libertad financiera, más disponibilidad de tiempo porque actualmente se está bien y se pueden conformar como están.
Lo Bueno es Enemigo de lo Mejor. Y este es un tipo de pensamiento que flota en muchas organizaciones que sin notarlo se han dejado seducir por esta manera de obrar sacrificando un futuro potencial excepcional porque básicamente están operando en términos de “Buenos” y así, no existe una necesidad real de superarse a sí mismos y caminar por vías de excelencia organizacional.
Quizás y sólo cuando se presenten amenazas serias con un competidor, o con el mercado local, regional, nacional o internacional se percaten sinceramente de la necesidad de realizar ese tipo de cambios que los lleve a progresos sustanciales.
La fábula señala que si se deja caer una rana en una olla con agua hirviendo esta saltará inmediatamente o morirá en tan fatídica suerte. Sin embargo al dejar caer la rana en agua con temperatura ambiente y gradualmente aumentarle la temperatura, la rana no sólo no saltará sino que cómodamente se habituará al ambiente sin percatarse de su mortal futuro inmediato.
Igual sucede en el mundo empresarial. Se Relativizan los eventos o se racionaliza todo disfrazado bajo el manto aquel que define que todo está bien y si están bien ¿Cuál es el afán, la preocupación?
Conozco muchas empresas que van en contra de los principios de la excelencia, esos que señalan a la ética, la velocidad de repuesta, la investigación, la inversión, el servicio como pilares fundamentales de desarrollo, simplemente trabajando a medias, empresas que incluso pregonan estos principios y que no practican y aun así subsisten y bien en el mercado. ¿Por qué?
Porque básicamente han encontrado el espacio donde funcionar supuestamente “Bien” con su estilo cómodo de actuar renunciando así a la posibilidad de desarrollos mucho mayores y excepcionalmente protagonistas. Hay estudios que demuestran que los esfuerzos organizacionales para que la empresa se desarrolle y obtenga resultados “buenos” no son en nada distintos de los que se necesitarían para que la empresa manejara excelentes procesos y obtuviese excepcionales resultados.
De hecho incluso, las investigaciones que se han hecho sobre personal sobresaliente sobre los que no, han señalado sorprendentemente que los unos no tienen mayores diferencias con los otros en conocimientos, capacidades y talentos. El elemento diferenciador que hace que pocas empresas lleguen a ser las mejores contra una gran cantidad de empresas que apenas llegan a ser buenas está en otra parte.
Es de suma importancia comprender que definitivamente ser el mejor más allá de ser un anhelo de superar a los demás sólo por el hecho de competir por competir significa que la organización logre ser un lugar agradable para trabajar y que el personal desee ir a laboral allá, significa un compromiso total con la excelencia en el servicio al cliente tanto interno como externo, excelencia en los procesos de calidad, significa concentrarse en mejorar a través de la investigación, creatividad, capacitación, significa lograr un excelente clima laboral para todos y cada uno de los miembros de esa empresa, los que están dentro y los que de una u otra forma tienen relación con ella (proveedores, comunidad y por supuesto clientes) sólo por mencionar algunos aspectos.
Cuando una empresa no cae en la trampa de sólo estar “Bien” de sólo lograr lo “Bueno” pasa a ocupar niveles de excelencia donde obtiene resultados que no sólo se hacen evidentes en el desempeño financiero u operativo sino que pasa a obtener desempeños superiores dado que la compañía es un excelente lugar para trabajar, cuentan con un excelente clima laboral, son coherentes con su discurso y su manera de obrar incluso es heroica dada la coherencia al cumplir lo que dicen y cumplirlo en lo que hacen.
Otro aspecto contundente que se logra al ser los “mejores” es la ganancia de la lealtad por parte de los clientes. Más allá de la fidelidad misma, del hecho de repetir compras en un solo lugar es la filiación que se crea entre cliente – empresa – cliente lo que permitirá a la empresa presencia en el mercado de manera prácticamente indestronable.
Sumado a esto un elemento diferenciador que cabe mencionar en empresas que buscan ser las mejores, que persiguen la excelencia es el hecho de separarse de la multitud por la manera particular, única en que realizan su actividad comercial o social, dependiendo del objeto que persiga la organización. Llegan a lograr un posicionamiento protagónico.
No creo del todo a los líderes que dicen que quisieran ser los mejores. Esa es una frase tan repetida que ha perdido su brillo y tan sólo sirven para reforzar discursos retóricos en algún coctel o brindis que no se preparó. Ser los mejores es un propósito que se refrenda con la manera de actuar y que se ve en los resultados por demás fascinantes.
Empresas que trabajan bajo estos principios logran ser y de lejos más productivas, su producción es mayor frente a sus competidores directos, ganan credibilidad de quienes financieramente hablando han creído en ese proyecto empresarial lo que permite más apoyo financiero en el corto, mediano y largo plazo, situación a su vez que permite soñar, crear, innovar.
Aceptar lo Bueno es renunciar a lo mejor, condenarse en el conformismo que tantas almas, que tantas empresas, que tantos proyectos ha ahogado. Conformarse por el simple hecho que se está bien es una clara alusión a la comodidad, inclinarse ante el mínimo esfuerzo y negarse a una realidad humana que llama al desarrollo.
Lograr la Grandeza en la empresa, Ser los Mejores necesita de líderes, GRANDES LÍDERES, Líderes que dirijan la empresa y empleados que actúen como Líderes para que de manera efectiva se ubiquen al nivel de las mejores empresas.
Líderes pobres que se conforman con lo Bueno son aquellos que sólo ocupan puestos de poder dentro de la empresa, que utilizan su puesto como mandos de control, donde pretenden “manejar” a un personal a través de órdenes que aquel mal supone estos cumplirán a cabalidad. Se olvidan que un buen liderazgo como dice Stephen R Covey “es comunicar a la gente su verdadero valor y potencial tan claramente que ellos mismos lleguen a verlo” de tal manera que esto lleve a la organización a rendimientos máximos, dado que el personal ahora “ve” su real y verdadero potencial esto hará que la suma de todas las acciones de cada uno de los miembros de la empresa elevarla a estándares de excepcional desempeño.
La época de líderes autoritarios, Controladores, comandantes en jefes, que demandan devoción ni siquiera está mandada a recoger sino que conductas así son en épocas como las de hoy, ridículas. Pretender tener a empleados – soldados con obediencia ciega es absurdo pues aunque la gente obedezca al pie de la letra para satisfacción del jefe autoritario, es realmente falso además de contraproducente el hecho de llegar a creer que alguien que cumple fielmente los dictados controladores del jefe autoritario está realmente obedeciendo.
Ser los mejores es un trabajo que comienza desde dentro de la organización, desde su misma filosofía, desde su misma misión y visión, desde la misma cultura corporativa, primero por allí y desde allí hacia el personal y los procesos organizativos, de lo contrario todo será más que discursos, buenas intenciones disfrazados de liderazgos pobres controladores, manipuladores que demandan obediencia ciega y la anulación del individuo como tal.
Cuando se obra bajo premisas autoritarias en la empresa lo único que se logra con el personal son “Empleados Mercenarios” que atentarán en contra de la empresa en cualquier momento. El Líder que actúa así está ciego y en ese sofisma de distracción que él mismo creó, se niega a ver cómo afecta esto a la empresa dejándola estancada en lo Bueno, es decir, en la comodidad en la que se encuentran.
Ser los mejores es un principio filosófico que reconoce en la humanidad de los individuos la necesidad de recrearse, de mejorar permanentemente, de superarse, y como las organizaciones son humanas cualquier cosa contraria a esto es ser inhumanos, dándole permiso a vicios como la conformidad y la mediocridad.
Bien vale mencionar que en las épocas cambiantes actuales, las crisis económicas, el crecimiento de una competencia cada vez más eficaz, con el evidente transformación de los empleados en personas más preparadas y autónomas seguir con un liderazgo militar, adoctrinando mentes, automatizando individuos es una locura.
No quiero hacerle juego al sentimentalismo del victimismo que se refiere a ese tipo de empresas que permite esas culturas abusadoras de los principios, valores, ética empresarial con el discurso aquel que les vaticina un porvenir sombrío y una vida realmente corta y con un final lúgubre, pues mientras estas organizaciones encuentren un nicho donde funcionar y les permita mantener su comodidad que les consienta seguir actuando como lo hacen seguirán allí hasta que pase algo que o las mueva a la excelencia o las lleve al ocaso creado por ellos mismos.
Lo que sí puedo decir con absoluta seguridad es que el pódium empresarial está sólo reservado para aquellas organizaciones que comprenden los principios facultativos de la excelencia, que abren paso al desarrollo, que estimulan el crecimiento, la investigación, que desarrollan culturas que empoderan al personal, estas empresas pueden saber que seguirán caminos que las llevarán a colonizar diferentes cimas cada vez más altas, serán compañías deseadas, admiradas, envidiadas por algunos, serán empresas vistas como el lugar ideal para ir a laborar en ellas y dignas de imitar, organizaciones con resultados envidiables en cuanto a permanencia en el mercado y crecimiento financiero
Las mejores empresas no son paraísos donde nada sucede y son cuentos de rosa, pues incluso que no suceda nada es un fastidio para el espíritu humano, lo que deseo plantear es que en estos casos corporativos las organizaciones han alcanzado un nivel de madurez que permite a estas empresas estar en niveles superiores de pensamiento corporativo lo que les da la opción de vivir los desafíos de otra manera.
Ser los mejores en cualquier área y en el mundo empresarial es un bien reservado para aquellas organizaciones que han sido capaces de renovarse, revaluar viejos paradigmas, estructurando nuevos niveles de pensamiento que les permitieron la transformación y les dieron el paso a nuevas eras de desarrollo y prosperidad excepcionales. Básicamente fueron organizaciones con personas que valientes desafiaron el status quo, revalidaron pensamientos viejos y valerosamente dieron pasos significativos hacia la evolución empresarial con todo lo que eso implica. Un precio que bien vale la pena pagarse por la recompensa a obtenerse.
Por los demás es su decisión, han optado por lo bueno y sin notarlo o quizás sí han preferido no correr todas las bases sino quedarse en una de las etapas, pues satisfechos de lo que tienen para qué más. Incluso este tipo de empresas que se han conformado con ser buenas interpretan que ser los mejores es una competencia tipo boxeo donde deben nockear al rival.
Ser los mejores implica un sano desarrollo y crecimiento sobre sí mismos, buscando siempre maneras de crecer y superarse, no de “tumbar” al rival, pues en esto no hay rivales y quien decide a la larga es el cliente principal benefactor de todos los esfuerzos organizacionales, sean estos esfuerzos excelentes o mediocres.
Ser la mejor empresa es una opción de organizaciones conformadas por individuos que se reconocen como tales, reclaman su humanidad y se lanzan por la grandeza.
Lo Bueno es Enemigo de lo Mejor.
HÉCTOR LEONARDO MORA SANTIAGO
Desarrollo Empresarial y Humano
Consultor - Conferencista
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