A menudo escucho reflexiones como estas: “Los hijos son la felicidad del hogar”, “Los hijos son lo más importante”, “Mis hijos son mi vida, sin ellos para qué existir” entre otras.
Pero los hijos ¿son lo más importante del mundo? La respuesta es obvia, ¡Sí! Pero la respuesta a de ser incluyente y no excluyente. Para el caso de las parejas estables que maduras han logrado mantener una sana relación en el tiempo y que han logrado constituirse en una prueba evidente que sí se puede ser feliz en una relación con el sello del compromiso, seguramente que un hijo es una motivación muy fuerte que viene a dibujar alegrías a esa relación.
Sin embargo hay cosas que bien vale tener en cuenta con el ánimo de seguir progresando en armonía y felicidad familiar.
La capacidad de concentración del ser humano es maravillosa dado que permite focalizar todas las capacidades en torno a un centro, un punto y en torno a él desarrollar las habilidades personales haciéndonos creativos, recursivos y a la larga desarrollar todos nuestro talentos que se enfocan en ese punto. Esa capacidad de concentración es excluyente, es decir, cuando se convierte un centro en punto de concentración se tiende a eliminar lo demás, a ignorar lo demás.
Esa es una de las razones por la cuales cuando absortos en algo lucimos distraídos frente al entorno.
En muchas ocasiones padres bien intencionados convierten a sus hijos en su centro y toda la fuerza de concentración hace su aparición y con ella se vuelcan la plenitud de los dones que cada uno tiene. Así por ejemplo los hijos se vuelven el objeto de toda atención y se vive para ellos de tal manera que se les pueda dar lo mejor que la pareja puede entregar, en últimas los hijos merecen eso y mucho, mucho más.
Todo con tal que los hijos estén muy bien.
Hasta acá todo está bien, y es lo que menos podría esperarse de unos padres que responsables aman a sus hijos. Sin embargo se está pasando algo por alto que al descuidarse se afecta a los hijos, esos por los cuales se dice que hasta la vida se daría.
Muchas parejas ven deteriorarse su relación después de la llegada de sus hijos y al no encontrar explicaciones a lo que sucede tienden a responsabilizar la aparición de estos como la razón del debilitamiento de su relación de pareja. Este es un comentario lejano a la realidad que en nada incumbe a los hijos y simplemente refleja el hecho de pasar por alto aspectos claves que enriquecerían enormemente la vida familiar.
Sí, los hijos son lo más importante, pero eso no implica descuidar a la pareja. De lamentar es a veces reacciones de sobreprotección a hijos con argumentos más cargados de emotividad que de razón y así dividen las relaciones entre Madre e hijos y Padre, o Padre e hijos y madre y siembran la semilla de la división.
En circunstancias como estas quedan blindados los argumentos emocionales frente a los racionales y no dan lugar a la integración, a la unión, abriendo una pequeña ventana al espíritu de la división que se disfraza de verdad. Y ¿cómo se puede decir lo contrario si el argumento que respalda estas actitudes son los hijos que de paso no tienen nada que ver en esto?
Así entonces la relación que ayer era maravillosa poco a poco se va debilitando y no hay manera de conversarlo dado que el tema se vuelve totalmente delicado pues cualquier cosa que aluda, sugiera o toque así sea de lejos a los hijos es darle cabida a las discusiones, discusiones que por cierto están allí gracias al espíritu de la división al que se le dio permiso de entrar.
Y que quede claro que en muchos casos esto sucede con la venia de padre y madre, pues ambos asumen ahora el rol de progenitores pero cometen el enorme error de olvidar el rol de pareja y sin notarlo olvidan a esa persona con la que ayer compartían. Dirán algunos que ahora es distinto, pues dado que hay hijos de por medio las cosas han cambiado.
Si bien las cosas cambian eso no hace a los ahora padres imposibilitados mentalmente, tener hijos no es un suicidio mental creativo que impide a la pareja se recursiva, creativa, tener hijos no es un impedimento que no les permita en las nuevas circunstancias crear nuevas opciones de alimentar esa, su relación.
Una de las razones por las cuales sucede esto es la de suponer, dar por hecho a la pareja. Damos por obvio que como está allí, podemos pasar por alto cuestiones íntimas de la relación de los “DOS” y olvidamos fácilmente que la pareja como cualquier ser humano sigue sintiendo, necesita igual vivir los requerimientos del amor de pareja independientemente de si hay hijos o no.
Leslie Parrish De Bach esposa del renombrado Richard Bach autor del famoso libro Juan Salvador Gaviota dijo en alguna oportunidad: “Nunca des por segura a tu pareja porque la pierdes”, y esto es especialmente cierto cuando olvidamos o pasamos por alto el hecho que una relación para que se mantenga hay que seguir invirtiendo en ella “siempre”, en otras palabras, hay que seguir alimentándola.
El argumento que dice: “LOS HIJOS SON LO MÁS IMOPORTANTE” distrae de todo lo demás, pues mucha veces nuestra atención está tan enfocada en esa idea que insisto es muy cierta que no se nota que se está descuidando una relación que a ciertas alturas comienza a vivir de las reservas, de los ahorros, en otras palabras, aunque la relación ya no recibe se sostiene por los gestos, los detalles, los afectos, la entrega que se hacían antes de la aparición de los hijos.
Esa es una de las características del resquebrajamiento de las relaciones. Las bases comienzan a agrietarse y no se nota. Es asintomática al principio. Y cuando aparecen las señales del debilitamiento vuelven a aparecer los hijos y se pretende cubrir con los ahorros de los hijos, la relación de pareja. “Pero es tan buen padre…tan buena madre” Y así se toma prestado de los buenos oficios, los buenos gestos que se tiene con los hijos, para tapar, disimular, o no darle importancia a esos avisos que la relación comienza a manifestar. Son S.O.S, voces de auxilio que lanza la relación pidiendo atención.
Se confunden fácilmente los roles de ser padres con los roles de pareja y ese es un error que puede lastimar seriamente el amor de pareja. Como padres respondemos de una manera y por muy bien cumplido ese rol y por muy bien parados que nos deje este buen comportamiento con la pareja, eso no suple los besos, las caricias, las miradas que a la relación de pareja sí que le hacen falta. Los hijos son una enorme responsabilidad, pero eso no nos hace irresponsables frente a la relación. Bien vale decir que con los hijos nuestras responsabilidades aumentan y se ha de responder por todas ellas, no descuidarlas.
Muchas veces la víctima de todo esto es la relación que lamentablemente damos por hecho, pues al darla por segura la olvidamos, y la muestra evidente es que simplemente se olvida ser pareja porque ahora somos padres, e insisto no se nota porque validados ante un argumento tan serio como son los hijos, lo pasamos por alto justificando esa conducta y no se le da mayor importancia al hecho que la pareja pasó a un segundo y quizás a un tercer plano.
Lo peor de todo esto es que a veces nos damos cuenta demasiado tarde. Como dice Alejandro Fernández en su canción Me dediqué a Perderte: “Me alejé mil veces, y cuando regresé te había perdido para siempre, y quise retenerte, Entonces Descubrí que ya Mirabas Diferente”
Cada vez me convenzo más que en cuestiones del amor no se nos enseñó mucho. Llegamos a las relaciones y allí hacemos el curso. Igual al hecho de ser padres. Se aprende a serlo con los hijos. Vamos en Prueba y error, Prueba y error, Prueba y error.
Cuando aparecen los hijos muchos dicen que son lo más importante pero se contradicen cuando en nombre de los hijos descuidan a su pareja y por ende el hogar. Y tanto una sana relación como un buen hogar sanamente constituidos son de excepcional importancia en la formación de los hijos, tanto más que acciones aisladas como la sola atención. Muchos dan por hecho que por compartir con los hijos, pasar tiempo con ellos, ya hicieron la tarea. NO, NO ES ASÍ. Esas son entre otras las acciones evidentes, pero faltan las otras que nutren de forma sustancial la formación de los hijos y esa está en la relación de los padres, pero de ellos dos como pareja que son soporte fundamental del hogar.
Cuando se dice que los hijos son lo más importante de la familia se pasa por alto la familia misma. La familia contiene a los hijos “Y” también la pareja. La familia es un término incluyente, NO excluyente.
Conozco familias disfuncionales donde el centro no son los hijos sino la pareja, terminan tan concentrados en la pareja que ponen en segundo plano a los hijos con las concebidas consecuencias que esto trae para ellos y para la familia misma.
La mirada a de dirigirse hacia la familia, pues siendo la familia incluyente se observa entonces a los hijos, a la pareja y a sí mismo y de esta manera, la fuerza de la concentración con los beneficios asociados a esta vendrán para todos los miembros de esa familia y no para unos en particular.
Insisto los hijos son muy importantes pero no debemos descuidar a la pareja y menos descuidarnos a nosotros mismos. Es difícil creerle a alguien que dice que sus hijos son lo más valioso cuando descuida su relación de pareja, puesto que ¿qué padres se le van a dar a esos hijos cuando estos descuidan su relación?
De allí la importancia de comenzar a ver la familia como lo más importante y en consecuencia responder a esa nueva mirada. Cumplir el rol de pareja y así, fortalecer la relación en momentos sólo para los dos, reitero momentos “sólo para los dos”, cumplir el rol de padres en otras palabras compartir momentos los dos con los hijos, y en otros momentos cada uno por aparte con ellos, en fin, crear una cultura familiar incluyente, formadora de valores, de principios, generar una cultura que faculte, que promocione y haga mejores a los hijos Y a los padres, que transforme el conjunto familiar, pues eso entre tantas cosas más es una familia. Como los mosqueteros, “TODOS PARA UNO Y UNO PARA TODOS” y no cada uno por su lado.
LA FAMILIA ES LO MÁS IMPORTANTE, actuar de esta manera es demostrar que cada uno de los miembros lo es.
HÉCTOR LEONARDO MORA SANTIAGO
Experto en Desarrollo Empresarial y Humano
Consultor de diversas empresas de Gran índole
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Autor de varios libros y videos
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