::CUANDO LAS COSTUMBRES SON SUFICIENTES, LAS LEYES SON INNECESARIAS
El sociólogo Émile Durkheim y fundador de la escuela Francesa de Sociología dentro de sus postulados comparte entre otros uno que me llamó profundamente la atención: “Cuando las Costumbres son Suficientes, las Leyes son Innecesarias. Cuando las Costumbres son Insuficientes, las Leyes son Obligatorias” Y esto bien cabe en diversos aspectos que nutren y forman o deforman la vida individual y grupal de las personas.
A nivel organizacional son muchas las empresas que quisieran encontrar al personal mucho más productivo, llegando a niveles cada vez mayores, situación que indudablemente llevaría a las empresas a horizontes con resultados excepcionales. Sin embargo no pocas empresas pasan por dilemas de ambientes ambiguos, niveles productivos realmente pobres, empleados dando el mínimo en contextos laborales mediocres.
Sé de empresas donde las altas esferas contratan a la “Octava maravilla del Mundo” en empleados, una persona que se constituye en el “AS” bajo la manga, el campeón, el salvador que venga prodigando sus dones, cualidades y capacidades excepcionales que salve a la empresa o que se constituya en la salida hacia la realización de esa organización. Sin embargo y aunque esto revista de buenas intenciones un empleado así sea campeón pero sin poder para tomar decisiones, tendrá situaciones bastantes complejas para lograr ejecuciones importantes.
Eso por un lado.
Por el otro lado está en que nos movemos en ambientes sociales y como tales constituidos por personas, insisto personas (PLURAL) y en ese sentido, soltar a un individuo como un ente solitario en medio de condiciones adversas a la excelencia que trae consigo es dejar aniquilar al campeón en caóticos esfuerzos individuales que terminarán por reventarlo, es decir, puede terminar constituyendo ese AS en una enorme frustración tanto para quien lo contrató, como para él mismo.
No estoy diciendo que sea imposible, pues también es claro que es por una persona por donde comienza el cambio o las mejoras excepcionales y protagonistas comienzan normalmente por una persona y a través de esa persona. Diversos estudios demuestran que la Mayoría de los Cambios Empresariales Comenzaron con la Elección de una Sola Persona. A veces ese Individuo resultaba Ser el Gerente o el Presidente de la Organización, pero, en Muchas Ocasiones las había iniciado otra Persona: Un Profesional, un Encargado de Línea, el Ayudante de Alguien, en otras palabras y en el entendido que ese cambio excepcional no necesariamente comienza desde la dirección, las puertas hacia cambios productivos importantes en la empresa son muchas, pues cada empleado representa una puerta que comunica hacia esos crecimientos exponenciales por parte de la empresa.
Aunque cabe mencionar que eso sólo representa una base de una estructura que se sostiene con varias bases. Suena agradable, pero lograr eso, es un resultado de. En otras palabras, lograr individuos que sean capaces de lograr cambios cuánticos que terminen siendo tan significativos en la historia de la organización no es una cuestión de azar y aunque parezca extraño, es un resultado que previamente se había planeado para tal fin.
Un campeón es un ser humano que entiende que no puede esperar a que su jefe o la empresa donde trabaja decida cambiar. Pero estos seres humanos magníficos porque así lo decidieron necesitan de un espacio que los refuerce y les permita estar allí, de lo contrario, puede terminar en otra parte donde sus grandes capacidades sí sean recibidas.
Es bastante complicado que en ambientes empresariales evidentemente contradictorios las personas puedan desarrollarse tan fácilmente. Sin fuentes de motivación MUY poderosas, grandes individuos pueden pasar sin pena ni gloria por una empresa. En ambientes nocivos se logra precisamente lo contrario, se genera desconfianza, la gente se protege, camina con cuidado, lleva “ojos en la nuca”, y afecta su nivel productivo directamente. Es algo así como un instinto de supervivencia “laboral” donde la gente cae en actitudes totalmente individualistas, altamente competitivas pero en una competencia negativa, buscando protegerse en un contexto laboral donde al parecer todos son potenciales enemigos.
Jefes irracionalmente exigentes, con miradas fueras de la realidad e inconsecuentes con su discurso, en ambientes enrarecidos generan climas laborales muy pobres para trabajar. Es lamentablemente encontrarse lo que sucede en tantas empresas donde el empleado trabaja allí porque no tiene otra opción y sus necesidades dictan sus conductas. Son personas que a la menor posibilidad de retirarse se evadirán de una empresa que los únicos afectos que les une a ellas es el dinero que devengan, no más. El nivel de pertenencia acá es muy bajo por no decir que cero. Y esto no sólo es nocivo sino que fácilmente ahora a parte de supuestamente cuidarse de la competencia debe vigilarse a los empleados de quien también ahora hay que cuidarse.
He escuchado empresarios hablar de sí mismos y de lo que les dan a su personal en cuanto a implementos laborales y algunas estrategias de motivación para lograr mejorar los resultados sin lograr ese tan anhelado fin. Contrariados no notan que el hecho de tener los implementos necesarios en una organización el personal lo interpreta como una obligación de la dirección para poder trabajar, que eso no es una motivación pues estas acciones de la gerencia sólo habla de los intereses de la dirección y no incluye los intereses del personal, además esa manera de motivar muchas veces evidencia una manipulación y explotación disimulada que otra cosa. Cinismo Moderno en el Siglo XXI. ¿Qué diría Sócrates de todo esto? (*)
Dice Covey que No existe razón para que los empleados reciban un trato distinto al que reciben los clientes. Esta reflexión casi se convierte en un reclamo del personal que es presionado con estrategias negativas para que sean amables con unos clientes a los que por aquel trato ya no aprecian.
Es necesario comprender que se debe inculcar un “espíritu” en la organización que permita que todos sus miembros eleven su potencial. Y eso empieza desde la cabeza de la organización aunque es un papel que no es exclusivo de ellos, pero es una responsabilidad que cae sobre sus hombros.
De entrada es de urgencia una filosofía corporativa enmarcada en su misión, su visión, sus valores, sus principios corporativos que enmarque el corazón de esa organización. Es el proyecto que bien “vendido” al personal la gente termine haciéndolo parte de su proyecto personal laboral en esa empresa. Es el fin que se persigue lo que termina entusiasmando los corazones.
Jesús compartió un mensaje de tal manera que la gente lo hizo suyo hasta hoy. Mahatma Gandhi compartió su visión con tal fuerza que la gente vivió a través de ella elevando el espíritu de una nación hasta liberarla con la No Violencia. El Príncipe Siddartha Gautama quien fue después Buda inspiró uno de los movimientos religiosos más antiguos del mundo con millones de seguidores.
En el mundo empresarial Walt Elías Disney por mencionar tan solo un ejemplo con su espectacular organización ha logrado una visión excepcional que quienes allá laboran comparten, pues el hecho de “dar felicidad a todos los niños” es una motivación inherente a quien trabaja en Disney.
Pero es importante lograr un proyecto que trascienda las fibras de quienes forman parte de la empresa y no lograr una apatía sobre una organización que en vano se esfuerza por dizque aumentar el Sentido de Pertenencia en la Organización. Muchos de estos esfuerzos de mejorar la filiación hacia la empresa, aumentar la Motivación Laboral, Mejorar la Productividad de la Organización no solamente caen en saco roto, sino que terminan siendo contraproducentes y en lugar de lograr efectos positivos, terminan siendo negativos a todas luces.
Recuerdo en alguna oportunidad visité una empresa para darles una capacitación. En la pared estaba la Misión: “Aumentar la Riqueza de los Inversionistas” Un mensaje bastante motivador hacia la desconfianza, la deserción, la apatía, los rencores. El cinismo es total.
También he visto otros textos hermosos, hechos por algún “Filósofo Organizacional” que sólo motivó a quien lo escribió pero que ni la gente ve, y lo peor, no creen en tanta palabrería, en tanto discurso barato, pues se habla bien pero no se cumple lo que se dice.
Se necesita una especia de “Causa” que todos compartan. Una causa que motive, que contribuya, que forme, que construya, que haga mejores a sus seguidores y a quienes trabajan por ella, que ayuda, que no daña y que logre tocar las fibras de quienes la comparten, que despierte sus alegrías, sus emociones, sus pasiones, sus talentos, sus capacidades, su creatividad.
Pero toda “Causa” necesita quien la inspire, la levante, la sostenga, la comunique. Una persona que sea el alma de esa causa. Una persona con tanta fuerza, tanta pasión que sea la encarnación misma de esa Causa. Y esa “Causa” está en la filosofía Corporativa. Su Misión, sus Principios, sus valores, y esto va mucho más allá de las utilidades, que si se entiende bien esta parte comprenderemos que si se hace bien aquello, esto también se obtendrá.
Muchas empresas hablan de honestidad, velocidad de respuesta y servicio al cliente como su “Causa”, Causa que violan permanentemente. No son honestos, prefieren la utilidad antes que el interés del cliente, pues al fin y al cabo, lo importante es lograr que la caja registradora no pare de sonar. Pero cuidado que el personal que labora en la empresa es testigo de semejante desvergüenza y contradicción.
Cuando esto es así, carece de peso totalmente el discurso que invita a mejorar el desempeño, e incluso hasta manipulador que invita también a valorar el trabajo que se tiene. No tiene lógica y el personal reacciona de manera negativa ante esas invitaciones. Recibe mensajes contradictorios y su respuesta es similar a ese tipo de mensajes incongruentes.
De allí la necesidad de alguien que inspire la Causa, la motive, y de muestras que la hace respetar por encima incluso de los interés económicos que puedan tener en algo. Por ejemplo, si uno de los pilares de la organización es la honestidad, dar un trato formal, respetuoso y sincero a todo aquel que se relacione con la empresa, si hay una oportunidad de ganar más dinero siendo deshonesto con un proveedor o con un cliente debe aparecer ese alguien que por encima del beneficio inmediato sobre ponga lo que de verdad dicen que es más preciado.
Esto es así porque los principios nobles, que construyen, que forman a la empresa, a sus clientes, a sus proveedores, a sus empleados, a su entorno NO SON NEGOCIABLES y se necesita alguien que así lo haga evidente. Incluso se hacen respetar con los mismos miembros de la empresa.
Esto genera admiración y lealtad.
Cuando una empresa sabe lo que quieren, lo que persiguen, a lo que aspiran, deben aparecer estos defensores de sus principios, de su proyecto empresarial, de su causa que son quienes mantienen con la empresa gente que se acople a ese espíritu, los demás simplemente “No pueden trabajar aquí”. Ahora bien, trabajar en una organización de esas donde todos quieren estar allá no quiere decir que se viva en un ambiente de flojera ni nada por el estilo, son quizás muy exigentes, pero la gente que está es porque es consecuente con el proyecto empresarial, lo viven con su qué hacer diario y evidencian ese proyecto empresarial en cada cosa que hacen.
Aquí comienza a gestarse una Cultura que hace Campeones.
Cuando existe un enfoque institucional que motiva, invita, que es CIERTO, con líderes que inspiran confianza, que son congruentes con lo que “Más Importa”, que “Predican y Practican” permanentemente la misión de la empresa que es la razón de ser de la organización, que trabajan permanentemente por crear un ambiente que faculte y libere el potencial en torno a esa “Causa Organizacional”, una empresa donde todos empezando por los mismos directivos NO NEGOCIAN SUS PRINCIPIOS se comienza a anidar a grandes mujeres y hombres que liberarán poco a poco todo su talento y creatividad. Y esto sí que es una ganancia.
La justicia laboral es un principio como la ética laboral y la gente percibe con gran facilidad todo lo que contradiga estos aspectos. Salarios justos, trabajo justo. Y esto la gente debe entenderlo así, para que todo funcione, para que todo encaje, para que todo se de.
Se debe lograr que la Cultura refuerce y valide la conducta productiva. Y eso no sólo se logra con discursos elegantes. Se necesitan que los mensajes no sean contradictorios. Me gusta lo que dice Emerson. “Lo que haces habla tan fuerte de ti, que no escucho lo que dices de ti mismo”
Que todo el esquema cumpla y refuerce lo que es “Más importante” para la organización, de tal manera que se pueda así liberar el potencial del personal, quitándole de al lado la ley que vigila si se está comportando bien o si no. No más cámaras vigilantes del personal mismo, ni marca tarjetas, pues estamos en un clima de confianza y se debe reforzar ese discurso barato “Nuestra Gente es Nuestro Capital Más valioso”, barato y vacío cuando no se cumple.
Pero cuando se cumple, y se envían mensajes que así lo refuerzan iremos logrando empleados confiables, proactivos, y que trabajan bien en equipo. Y en sistemas fuertes, cohesionados, que se refuerzan a sí mismos, en ambientes altamente productivos, libres, proactivos, responsables, quien no camine a ese ritmo terminará normalmente o saliéndose o adaptándose, de lo contrario, la misma organización consecuente con su proyecto tomará decisiones claves al respecto.
De allí que estas empresas y respetuosas de su “Causa”, de su Pasión, entrenan permanentemente a quienes trabajan con ellos, TODOS sin excepción se preparan sobre su qué hacer, sobre “Cómo Hacemos las Cosas Aquí”. Empresas así, con líderes coherentes despiertan la lealtad de quienes se integran a esa organización y hacen propia esa “Causa”, la razón de esa empresa.
Incoherencias en este caso por ejemplo, son los jefes que mandan a su personal a una capacitación y no van, organizan una integración y no asisten o peor, su comportamiento deja mucho que desear en esos eventos, predican y no practican, en otras palabras son un mal ejemplo, exigen pero no dan, no notan lo destructivo que suele ser esto.
Es el marco del espíritu de la empresa donde se mueve la organización y no fuera de ella.
Cuando se logra esto entonces LAS COSTUMBRES SON SUFICIENTES, y LAS LEYES SON INNECESARIAS, pues no se necesita fiscalizar para “sorprender a la gente haciendo algo mal”, más bien es participar, acompañar, premiar, revisar, retroalimentar, crecer. Cuando las Costumbres son Suficientes, es decir, cuando existe la cultura que refuerza el sistema excepcional interior de la organización, en otras palabras cuando la misma gente se educa entre sí, cuando no negocian su entrega, su excelencia, su efectividad, cuando en caso contrario hablan con quien no camina a esos ritmos, cuando hacen respetar ese “Espíritu de la Empresa” con gentileza, astucia, pedagogía se han alcanzado niveles altos productivos que redundarán en flujo de efectivo que hará MUY rentable a la organización.
Así son allá, así se comportan. Siempre amables, siempre atentos, siempre ágiles, siempre ocupados en atender y solucionar las inquietudes de sus clientes, siempre, siempre, porque insisto, así son allá.
Igual pasa en el caso contrario. Cuando las Costumbres son Insuficientes en otras palabras, cuando hay un ambiente que refuerza la pobreza, el mismo personal aplaude las llegadas tardes, la explotación a la empresa, las salidas antes de tiempo de la organización, cuando se felicitan entre sí y elogian cuando alguien logra burlar los procesos y preguntan cómo hacerlo para poderlo imitar, cuando de la dirección se dan mensajes incoherentes, no son fieles a sus propios discursos, cuando lastiman la ética laboral y la integridad emocional y económica de los individuos Las Leyes son Necesarias.
Se hace necesaria la vigilancia, anotar las horas de entrada y de salida, los memorandos, las llamadas de atención, las correcciones, la imposición de la norma, la vigilancia estricta sobre la misma, las demandas de empleados a jefes en fin…son consecuencia de Costumbres Insuficientes que no respetan los Principios y valores inalterables, y cuando se violan estos Principios es decir excelencia Empresarial, Ética Empresarial, Servicio al Cliente, respeto por el Personal, Calidad, Obsesión por los Detalles, Producir un beneficio en la comunidad, Incremento en las utilidades equitativas para los inversionistas, participación del personal dentro de esas inversiones se da la fractura con la coherencia, con la grandeza del espíritu empresarial y termina convirtiendo a una empresa en una de esas que difícilmente llegará a pasar a niveles de multinacionales porque pierde su tiempo tapando agujeros hechos por ellos mismos.
Es fundamental comprender tanto a nivel individual como empresarial que Ser Efectivos como Individuos y Como Organizaciones ya no es una Elección en el Mundo de Hoy: Es Imprescindible para Entrar en el Terreno de Juego. Para Sobrevivir, Prosperar, Innovar, Sobresalir y Liderar en esta Nueva Realidad nos Exigirá Aumentar la Efectividad e ir Más allá de ella. Esta nueva era Exige y Necesita Grandeza. (**) Grandeza para crear un ambiente de tan alto nivel dentro de la empresa, con un Espíritu que sostenga una causa que a través de su proyecto organizacional haga de la empresa desde su personal campeones de excelencia.