El miedo se burla de nosotros cuando nos sugiere en la conciencia esa voz que pesa diciendo “si yo hubiese hecho esto o lo otro” o “Qué hubiese pasado si…” cuando libres de prejuicios baratos notamos que somos más grandes que nuestros temores, que somos nosotros mismos los que nos invalidamos pues esos oscuros miedos nacen y tienen su asiento en el interior de cada uno de nosotros y somos nosotros mismos quienes bajo nuestro consentimiento permitimos que nos inmovilicen.
Se burla de nosotros cuando reconocemos que pudimos haber hecho y no hicimos, cuando notamos la negligencia y la cobardía de no haber abordado con valentía eso que nos atemorizaba y limitamos una existencia amputada por la ausencia de un carácter que de haberlo tenido, hubiéramos podido andar.
Llorar sobre el pasado no lo cambia, sólo que por estar pensando en él, agobiamos el presente por andar en una época que ya no está, y terminamos por echar al traste un futuro que para que sea bueno exige como mínimo un presente bien vivido.
Fortaleza pues a las almas tristes, trabajo diario en el presente de a diario, concentración en la ilusión que viene de la cristalización de proyectos futuros, un sano diálogo con Abba (cualquiera sea la idea que tengas de El), que seguramente consolará los días pálidos y las tardes grises
Muchos de nuestros más caros sueños, están del otro lado del miedo. Tenemos que enfrentarlo, superar las altas murallas que nos impone, y tomar lo que tanto anhelamos.
Atesorar el conocimiento para no repetir historias. Y no alimentar más el temor porque “el miedo come miedo y a la larga termina burlándose de nosotros”